Otro café, por favor.
Anoche no pude evitar masturbarme al imaginar el encuentro de hoy. Ya no puedo contener las ganas de abalanzarme encima de ella y quitarle la ropa a bocados.
- ¡Buenos días! - ahí estaba plantada en la entrada con su sonrisa e interrumpiendo mis pensamientos- ¿Quieres entrar o te sirvo el café en la puerta?
- No sabía que amanecías irónica, espero que algún día la dejes en la cama- respondí mientras entraba.
- No sabía que amanecías irónica, espero que algún día la dejes en la cama- respondí mientras entraba.
Cerró la puerta y volvió a sonreír pero esta vez con su picardía natural. Llevaba el pelo recogido pero despreocupado; sin peinar, descalza y con ese vestido que sabía que tanto me gustaba.
- ¿Lo quieres con hielo? - preguntó desde la cocina.
- No, prefiero que se vaya enfriando solo - El hielo tráemelo a mí, pensé.
Miré alrededor viendo que aún estaban todas las ventanas cerradas, aunque era consciente de que el sofoco lo traía ya en la calle. Llevamos meses coqueteando sin que ninguna se atreva a dar el paso, pero tampoco nos dejamos de provocar la una a la otra cada vez que hay una mínima oportunidad.
- Hoy estás muy callada, ¿te ocurre algo? - Se agachó a dejar los cafés y se sentó en el otro extremo del sofá con los pies encogidos arriba.
- No, bueno sí. Quiero seguir en el proyecto, pero creo que será mejor que lo siga haciendo desde mi casa - Ya la conversación ensayada empezaba con errores.
- ¿Por qué? Si es muy temprano podemos cambiar la hora - Su tono se había vuelto tenso.
- No es eso, solo que siento que así no tienes que perder tanto tiempo esperando en lo que redacto.
- No pierdo el tiempo, te acompaño y mientras estoy adelantando otras cosas.
- Las otras cosas que haces se reducen a molestarme a mí - Le dije riendo.
- Me encanta molestarte. - Regresó su sonrisa juguetona y su tono de voz aniñado.
- Eres un peligro. Siempre terminas convenciéndome - Mi mirada bailaba de sus ojos a su boca.
-¿Qué miras? - Sonrió. Su lengua limpió todo resto del café de sus labios.
- Tu boca. Es pequeña pero dulce en comparación a tus ojos grandes - El pulso se disparó. No quería ser tan brusca pero no dejé de hablar - No quiero seguir viniendo porque ya no aguanto más est...
- Shhhhhh. ¿Quién te pidió que aguantaras y el qué? - No me calentó solamente que relajara la postura de sus piernas hacia mí, dejándome ver su ropa interior, sino también su forma de interrumpirme y hacerme callar.
La miré desafiante y toda mi inseguridad se desvaneció. Puse mi mano sobre una de sus piernas y la acaricié. Ella permanecía callada, entre media sonrisa y mordiéndose el labio inferior. Seguía igual cuando mi mano ya iba por el muslo y yo ya iba de camino a hacia ella. La respiración ya la sentíamos agitada antes de empezar a besarnos. Pasé la punta de mi lengua sobre sus labios muy despacio, ella me dio un breve mordisco en los míos y empezamos a besarnos.
- Soy tu jefa, ¿cómo afectará todo esto luego?
- Shhhh, hoy la que manda soy yo - La interrumpí.
Me separé de ella y con brusquedad halé de sus piernas para dejarla totalmente tumbada en el sofá, me quité la camisa y me recosté encima. Mi boca comenzó a recorrer su cuello entre lametones y mordidas, mi respiración excitada en su oído, sus uñas clavándose en mi espalda y nuestras caderas moviéndose buscando el roce de nuestra entrepierna. Comencé a tocarla por encima de su ropa interior y noté la humedad de su fluido en mis dedos mientras la masturbaba. Ya estábamos demasiado cachondas para tener tanta ropa puesta, pensé. Le quité con cuidado el vestido y el sujetador. Jugueteé con sus pezones y ella no dejó de reír.
- Tengo cosquillas pero me vuelve loca que jueguen con ellos.
- ¿También tienes cosquillas aquí? - Pregunté mientras le bajaba las bragas.
- No, ahí solo tengo ganas de que me lo comas.
Fui besando desde sus pechos al final de su cintura, al tiempo que ella se iba sentando y yo me bajaba al suelo. Abrí sus piernas y seguí besando la parte interna de sus muslos. Pasé toda la lengua por el agujero de su vagina, la introduje dentro y seguí lamiendo despacio alrededor. Seguí subiendo hasta llegar a su clítoris. Primero con unas lamidas suaves, para luego poner la lengua rígida y seguir masturbándola con ella. Sus gemidos se iban haciendo cada vez más altos. Así pasé unos minutos, jugando entre lamer su vagina suavemente y masturbarla, hasta que noté que ya estaba bien excitada. Paré de golpe, lamí su clítoris y mientras la miraba le introduje dos dedos. Comencé a penetrarla, presionando el punto G y agarrando su cadera con la otra mano. Sus pezones estaban erectos y yo no podía para de jugar con ellos, acariciarlos y apretarlos con cuidado entro mis dedos al tiempo que la seguía penetrando. Ya mi dedo pulgar también estaba masturbando su clítoris y ayudando a hacer más presión a la hora de tocar el punto G en la penetración.
Ella ya estaba totalmente abierta a mí, relajada y dejándose hacer. Colocó sus piernas abiertas a cada lado de mis hombros y yo sin dejar de penetrarla, volví a masturbarla con mi lengua rígida.
- ¡Cómemelo! - Dijo con la voz entrecortada.
Su espalda se arqueaba de placer, cada vez sus gemidos eran más fuertes y empezó a apretar más mi boca en su coño. Fui acelerando más y más la penetración, los dedos ya los tenía totalmente empapados de su fluido y lamía su clítoris con voracidad.
- No pares, sí, no pares.
Apretó más aún mi cara contra ella y poco a poco su vagina se fue contrayendo en espasmos, mientras mi ritmo fue bajando y su corrida fue fluyendo por mis dedos. Los saqué y pasé mi lengua de arriba a abajo varias veces hasta que mi saliva se mezcló con su fluido.
La miré y estaba sudando. Su gesto era ahora relajado y de su boca salían breves suspiros. Me iba a sentar a su lado pero me sujetó la mano, se levantó ella y me llevó a su cuarto. Me empujó a su cama, se abalanzó sobre mí, me terminó de desnudar y dejé que me mordiera, lamiera y tocase por donde su mente perversa quiso. Ya estaba demasiado excitada, comerle el coño me había vuelto loca.
- Hoy la jefa eres tú, pero yo también quiero jugar - Dijo mientras sacaba un vibrador de la mesa de noche.
Se tumbó a mi lado, lo activó y recorrió todo mi pecho hasta llegar a mi clítoris. Iba haciendo pequeños movimientos circulares, presionando poco y besándome a la vez. Yo no dejaba de besar su cuello. Me encanta su cuello. Y también acariciaba su espalda y agarraba su trasero con ganas. Se recostó más encima de mí, introdujo el vibrador en mi vagina y ahora era ella la que me miraba mientras me penetraba. Había perdido todo el dominio de mi propio cuerpo, no solo la cabeza. Siempre ha sabido ponerme cachonda sin si quiera tocarme, y ahora que lo estaba haciendo descontroló todo lo que se puede descontrolar en mí. No dejé de gemir pensando que era totalmente de ella y de esos ojos grandes que mi miraban con deseo. Subió la intensidad de la penetración y no bajó el ritmo hasta que me empecé a correr. El orgasmo recorrió todo en mí.
- No sabes cuánto deseaba follarte - dije extasiada.
- Y yo a ti - Respondió besándome.
- ¿Tienes arnés?
- Después la que te tiene peligro soy yo - dijo desternillándose de risa.
Rodó por la cama hasta llegar al mismo cajón del que sacó el vibrador, lo agitó con malicia y preguntó:
- ¿Me vas a castigar? - Se estaba mordiendo el labio de nuevo.
- Como jefa a veces te mereces unas sanciones, así que por algún lado te tengo que cobrar - Le dije mientras le quitaba el arnés de la mano y me lo iba colocando.
- Espera usa este - Ya rodaba de nuevo hacia mí con un consolador rosa en la mano.
- ¡Gírate! - Le ordené.
Se fue girando, hasta tener todo su culo delante de mí. Le abrí más las piernas, me acerqué y le lamí todo el ano varias veces. Le masturbé un poco el clítoris desde atrás y metí de nuevo los dedos en su vagina, penetrándola despacio. Saqué los dedos y lubriqué el consolador con su propio fluido, al igual que el agujero de su ano. La penetré suavemente con el consolador colocado en el arnés y empecé a hacer movimientos lentos con mi cadera.
- ¡Mastúrbate! - Le ordené de nuevo.
Vi cómo una de sus manos fue directa a su entrepierna y sus gemidos volvieron a aumentar, y con ellos, mi intensidad. Ella se seguía masturbando, yo la iba penetrando, le daba ligeros azotes sueltos en las nalgas y agarraba su cintura con fuerza para atraerla con más presión hacia mí. La tenía dominada y ahora era ella la que se dejaba dominar. Fui bajando el ritmo, hasta sacar el consolador de su cuerpo. Se giró, le subí de nuevo las piernas a mis hombros, las besé y la penetré por la vagina. Empezamos a follar suave, ella se acariciaba los pechos y yo me degustaba con la escena. Mi cadera iba despacio de delante hacia atrás, luego ella me pedía más y yo le aceleraba el ritmo. Pero antes de que llegara al máximo éxtasis, se lo volvía a bajar. Me encantaba verla desesperada por querer llegar pero a la vez divirtiéndose al ver que hasta en la cama me gustaba molestarla. Así pasamos unos minutos, entre ansia y travesuras.
Bajé sus piernas y ella se abrió más.
- ¡Fóllame! - Su voz ardía en deseo.
Me acerqué a su boca y la besé. Pasé una mano por los alrededores de su vagina y lamí mis dedos. La penetré nuevamente con el consolador, apoyé las manos en la cama alrededor su cabeza y empecé a follarla con más fuerza. Sus gemidos ya eran descontrolados y salvajes y con ellos, mi penetración. Hasta que tensó su cuerpo, lo relajó al instante y el orgasmo volvió a recorrer por ella.
Cuando paramos me tumbé a su lado. Ahora ella me besó a mí. La cogí de la mano y la atraje para que se recostara en mi hombro. Habíamos saciado las ganas de comernos pero aún teníamos las ganas de la una a la otra. Estuvimos hablando y riendo un buen rato, mientras ella jugaba con mi pelo y yo acariciaba su espalda. Pero el cansancio pasó factura y el sueño nos acabó envolviendo.
- Soy tu jefa, ¿cómo afectará todo esto luego?
- Shhhh, hoy la que manda soy yo - La interrumpí.
Me separé de ella y con brusquedad halé de sus piernas para dejarla totalmente tumbada en el sofá, me quité la camisa y me recosté encima. Mi boca comenzó a recorrer su cuello entre lametones y mordidas, mi respiración excitada en su oído, sus uñas clavándose en mi espalda y nuestras caderas moviéndose buscando el roce de nuestra entrepierna. Comencé a tocarla por encima de su ropa interior y noté la humedad de su fluido en mis dedos mientras la masturbaba. Ya estábamos demasiado cachondas para tener tanta ropa puesta, pensé. Le quité con cuidado el vestido y el sujetador. Jugueteé con sus pezones y ella no dejó de reír.
- Tengo cosquillas pero me vuelve loca que jueguen con ellos.
- ¿También tienes cosquillas aquí? - Pregunté mientras le bajaba las bragas.
- No, ahí solo tengo ganas de que me lo comas.
Fui besando desde sus pechos al final de su cintura, al tiempo que ella se iba sentando y yo me bajaba al suelo. Abrí sus piernas y seguí besando la parte interna de sus muslos. Pasé toda la lengua por el agujero de su vagina, la introduje dentro y seguí lamiendo despacio alrededor. Seguí subiendo hasta llegar a su clítoris. Primero con unas lamidas suaves, para luego poner la lengua rígida y seguir masturbándola con ella. Sus gemidos se iban haciendo cada vez más altos. Así pasé unos minutos, jugando entre lamer su vagina suavemente y masturbarla, hasta que noté que ya estaba bien excitada. Paré de golpe, lamí su clítoris y mientras la miraba le introduje dos dedos. Comencé a penetrarla, presionando el punto G y agarrando su cadera con la otra mano. Sus pezones estaban erectos y yo no podía para de jugar con ellos, acariciarlos y apretarlos con cuidado entro mis dedos al tiempo que la seguía penetrando. Ya mi dedo pulgar también estaba masturbando su clítoris y ayudando a hacer más presión a la hora de tocar el punto G en la penetración.
Ella ya estaba totalmente abierta a mí, relajada y dejándose hacer. Colocó sus piernas abiertas a cada lado de mis hombros y yo sin dejar de penetrarla, volví a masturbarla con mi lengua rígida.
- ¡Cómemelo! - Dijo con la voz entrecortada.
Su espalda se arqueaba de placer, cada vez sus gemidos eran más fuertes y empezó a apretar más mi boca en su coño. Fui acelerando más y más la penetración, los dedos ya los tenía totalmente empapados de su fluido y lamía su clítoris con voracidad.
- No pares, sí, no pares.
Apretó más aún mi cara contra ella y poco a poco su vagina se fue contrayendo en espasmos, mientras mi ritmo fue bajando y su corrida fue fluyendo por mis dedos. Los saqué y pasé mi lengua de arriba a abajo varias veces hasta que mi saliva se mezcló con su fluido.
La miré y estaba sudando. Su gesto era ahora relajado y de su boca salían breves suspiros. Me iba a sentar a su lado pero me sujetó la mano, se levantó ella y me llevó a su cuarto. Me empujó a su cama, se abalanzó sobre mí, me terminó de desnudar y dejé que me mordiera, lamiera y tocase por donde su mente perversa quiso. Ya estaba demasiado excitada, comerle el coño me había vuelto loca.
- Hoy la jefa eres tú, pero yo también quiero jugar - Dijo mientras sacaba un vibrador de la mesa de noche.
Se tumbó a mi lado, lo activó y recorrió todo mi pecho hasta llegar a mi clítoris. Iba haciendo pequeños movimientos circulares, presionando poco y besándome a la vez. Yo no dejaba de besar su cuello. Me encanta su cuello. Y también acariciaba su espalda y agarraba su trasero con ganas. Se recostó más encima de mí, introdujo el vibrador en mi vagina y ahora era ella la que me miraba mientras me penetraba. Había perdido todo el dominio de mi propio cuerpo, no solo la cabeza. Siempre ha sabido ponerme cachonda sin si quiera tocarme, y ahora que lo estaba haciendo descontroló todo lo que se puede descontrolar en mí. No dejé de gemir pensando que era totalmente de ella y de esos ojos grandes que mi miraban con deseo. Subió la intensidad de la penetración y no bajó el ritmo hasta que me empecé a correr. El orgasmo recorrió todo en mí.
- No sabes cuánto deseaba follarte - dije extasiada.
- Y yo a ti - Respondió besándome.
- ¿Tienes arnés?
- Después la que te tiene peligro soy yo - dijo desternillándose de risa.
Rodó por la cama hasta llegar al mismo cajón del que sacó el vibrador, lo agitó con malicia y preguntó:
- ¿Me vas a castigar? - Se estaba mordiendo el labio de nuevo.
- Como jefa a veces te mereces unas sanciones, así que por algún lado te tengo que cobrar - Le dije mientras le quitaba el arnés de la mano y me lo iba colocando.
- Espera usa este - Ya rodaba de nuevo hacia mí con un consolador rosa en la mano.
- ¡Gírate! - Le ordené.
Se fue girando, hasta tener todo su culo delante de mí. Le abrí más las piernas, me acerqué y le lamí todo el ano varias veces. Le masturbé un poco el clítoris desde atrás y metí de nuevo los dedos en su vagina, penetrándola despacio. Saqué los dedos y lubriqué el consolador con su propio fluido, al igual que el agujero de su ano. La penetré suavemente con el consolador colocado en el arnés y empecé a hacer movimientos lentos con mi cadera.
- ¡Mastúrbate! - Le ordené de nuevo.
Vi cómo una de sus manos fue directa a su entrepierna y sus gemidos volvieron a aumentar, y con ellos, mi intensidad. Ella se seguía masturbando, yo la iba penetrando, le daba ligeros azotes sueltos en las nalgas y agarraba su cintura con fuerza para atraerla con más presión hacia mí. La tenía dominada y ahora era ella la que se dejaba dominar. Fui bajando el ritmo, hasta sacar el consolador de su cuerpo. Se giró, le subí de nuevo las piernas a mis hombros, las besé y la penetré por la vagina. Empezamos a follar suave, ella se acariciaba los pechos y yo me degustaba con la escena. Mi cadera iba despacio de delante hacia atrás, luego ella me pedía más y yo le aceleraba el ritmo. Pero antes de que llegara al máximo éxtasis, se lo volvía a bajar. Me encantaba verla desesperada por querer llegar pero a la vez divirtiéndose al ver que hasta en la cama me gustaba molestarla. Así pasamos unos minutos, entre ansia y travesuras.
Bajé sus piernas y ella se abrió más.
- ¡Fóllame! - Su voz ardía en deseo.
Me acerqué a su boca y la besé. Pasé una mano por los alrededores de su vagina y lamí mis dedos. La penetré nuevamente con el consolador, apoyé las manos en la cama alrededor su cabeza y empecé a follarla con más fuerza. Sus gemidos ya eran descontrolados y salvajes y con ellos, mi penetración. Hasta que tensó su cuerpo, lo relajó al instante y el orgasmo volvió a recorrer por ella.
Cuando paramos me tumbé a su lado. Ahora ella me besó a mí. La cogí de la mano y la atraje para que se recostara en mi hombro. Habíamos saciado las ganas de comernos pero aún teníamos las ganas de la una a la otra. Estuvimos hablando y riendo un buen rato, mientras ella jugaba con mi pelo y yo acariciaba su espalda. Pero el cansancio pasó factura y el sueño nos acabó envolviendo.
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