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Otro café, por favor.

  Anoche no pude evitar masturbarme al imaginar el encuentro de hoy. Ya no puedo contener las ganas de abalanzarme encima de ella y quitarle la ropa a bocados. - ¡Buenos días! - ahí estaba plantada en la entrada con su sonrisa e interrumpiendo mis pensamientos- ¿Quieres entrar o te sirvo el café en la puerta? - No sabía que amanecías irónica, espero que algún día la dejes en la cama- respondí mientras entraba.    Cerró la puerta y volvió a sonreír pero esta vez con su picardía natural. Llevaba el pelo recogido pero despreocupado; sin peinar, descalza y con ese vestido que sabía que tanto me gustaba.   - ¿Lo quieres con hielo? - preguntó desde la cocina.  - No, prefiero que se vaya enfriando solo - El hielo tráemelo a mí, pensé.   Miré alrededor viendo que aún estaban todas las ventanas cerradas, aunque era consciente de que el sofoco lo traía ya en la calle. Llevamos meses coqueteando sin que ninguna se atreva a dar el paso, pero tam...